NOS ESTÁN ENSEÑANDO A NO PENSAR
NOS ESTÁN ENSEÑANDO A NO PENSAR
Una reflexión sobre la atención, la velocidad y el alma
Llevo tiempo observándolo. No como una teoría ni como una opinión tomada de
fuera, sino como algo que se manifiesta en lo cotidiano: en mí, en los jóvenes,
en las personas que acompaño y en el pulso general del mundo. Cada vez cuesta
más sostener la atención, cada vez cuesta más leer un libro completo, cada vez
cuesta más permanecer con una idea sin necesidad de estímulos constantes. Y no
lo digo desde la crítica ni desde la nostalgia, sino desde una profunda
conciencia de lo que está ocurriendo. Porque esto no es un problema individual,
es un fenómeno colectivo.
Vivimos inmersos en un flujo constante de imágenes rápidas, mensajes breves
y estímulos continuos. Todo pasa a gran velocidad y casi nada se integra. Este
ritmo no solo ha cambiado nuestros hábitos, ha cambiado nuestra forma de
pensar. No es que no sepamos pensar, es que no se nos deja espacio para
hacerlo. El silencio se ha vuelto incómodo, la pausa genera inquietud y estar
sin el móvil parece, para muchas personas, casi imposible. Cuando no podemos
estar en silencio con nosotros mismos, algo esencial se pierde.
No considero que la tecnología sea el problema en sí misma. El verdadero
conflicto está en el lugar que ha ocupado. El móvil ha dejado de ser una
herramienta para convertirse en una presencia constante que llena cualquier
hueco. Evita el aburrimiento, evita la incomodidad y evita la escucha interior.
Sin embargo, pensar profundamente requiere justo lo contrario: tiempo,
continuidad, pausa y presencia. Requiere un espacio interno que hoy está
permanentemente ocupado.
Por eso leer se ha vuelto tan difícil. Un libro no ofrece recompensas
inmediatas ni estímulos constantes. No se adapta a la ansiedad ni al ritmo
acelerado. Leer exige quedarse, y quedarse hoy cuesta. No porque no se pueda,
sino porque la mente se ha acostumbrado a una frecuencia rápida, fragmentada y
reactiva. Un libro, en cambio, pide algo íntimo y profundo: que estés contigo,
que sostengas una narrativa, que permitas que las ideas te transformen poco a
poco.
No hablo de conspiraciones ni de teorías ocultas. Hablo de un sistema que
funciona de una manera muy clara. Vivimos en una economía de la atención, donde
nuestro tiempo tiene valor y nuestra distracción también. Las plataformas no
están diseñadas para fomentar la reflexión profunda, sino para mantenernos
conectados el mayor tiempo posible. Y una persona que no se detiene a pensar es
más fácil de influir, más fácil de dirigir y más fácil de agotar. No hace falta
imponer nada cuando la saturación ya hace ese trabajo.
Los jóvenes no están perdidos, están saturados. No les falta capacidad, les
falta espacio. Crecen en un entorno donde todo es urgente, visible e inmediato,
donde no hay tiempo para integrar lo que se vive. Sin integración no hay
profundidad, solo cansancio. Por eso no los juzgo. Los comprendo. Y me pregunto
qué tipo de mundo interior estamos ayudando a construir cuando no protegemos el
silencio, la pausa y el derecho a no estar siempre disponibles.
Pensar se ha convertido hoy en un acto de valentía. Leer, desconectar,
aburrirse, reflexionar, son gestos que van contracorriente. Pero son
profundamente necesarios. La mente necesita silencio para ordenarse y el alma
necesita tiempo para expresarse. Cuando perdemos ese espacio interior, perdemos
el eje que nos sostiene.
Recuperar la atención es recuperar la vida. No se trata de huir del mundo ni
de rechazar la tecnología, sino de volver al centro. De crear pequeños espacios
de libertad donde la mente pueda descansar y el pensamiento profundo vuelva a
surgir. Leer sin interrupciones, caminar sin estímulos, estar sin hacer nada,
escuchar sin mirar una pantalla. En esos gestos sencillos algo vuelve: la
claridad, la profundidad, la capacidad de pensar por uno mismo.
Esta reflexión también la he compartido en voz, en formato podcast, para
quienes sienten que escuchar permite llegar a otros lugares distintos de la
lectura. A veces la palabra escrita ordena, y a veces la voz acompaña de otra
manera. Ambas forman parte del mismo camino de conciencia.
Escribo esto no para asustar, sino para despertar. Porque aún estamos a
tiempo. Y porque pensar, a pesar de todo, sigue siendo posible.
Esta reflexión también puedes escucharla en voz, en formato podcast. Si sientes que la palabra hablada llega a otro lugar distinto de la lectura, encontrarás el artículo leído en mi podcast en spotify en "PALABRAS PARA EL ALMA".
A veces leer ordena la mente, y a veces la voz acompaña el proceso interior de otra manera. Ambas forman parte del mismo camino de conciencia.
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